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Cortés va de Acapulco al Mar del Sur


By acatl - Posted on 10 May 2008


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La capital de la nación de los aztecas es destruida y conquistada en 1521 y, en el mismo año, dan cuenta a Hernán Cortés de la importancia que tiene la costa meridional del imperio vencido.

Se propone el capitán ensanchar su dominio hacia las mayores lejanas. Aparte de repartir fuerzas por el interior del país, cuida la ribera del Seno Mexicano o Golfo de México y se apresta a ocupar el litoral del poniente. Asimismo le interesa explorar el océano misterioso, descubierto ocho años antes por Núñez de Balboa y ganar ínsulas que las consejas abruman de riquezas. ¿Que ocurrirá? En tal quimera habrá de derrochar su fortuna y su salud. Vuelto de España, ya habiéndose instalado en México la Real Audiencia, en 1527, Cortés, “como dejo capitulado con la serenísima emperatriz doña Isabel, nuestra señora”, asienta Bernal, “y con los del Real Consejo de Indias que había de enviar armadas por la Mar del Sur a descubrir tierras nuevas adelante, y todo a su costa, comenzó a hacer navíos en un puerto de una su villa que era en aquel tiempo del marquesado, que se dice Teguantepeque, y en los otros puertos de Zacatula y Acapulco”. (Aquel es el marquesado del Valle de Guajaca, el cual, aparte de esta zona -donde se ubica su sede, con cuatro villas y 20 pueblos-, se compone de Jalapa del Marqués y Teguantepeque, de Santiago Tuxtla, de tres pueblos michoacanos, de Cuernavaca y 45 aldeas vecinas, de Toluca y sus derredores, de San Agustín de las Cuevas -Tlalpan-, de Coyoacán y de San Ángel. En la calle del Empedradillo, de la ciudad de México, se levanta la casa residencial del marqués -ahi esta hoy el edificio del Nacional Monte de Piedad).

Bernal concluye con un dejo de amargura: “Y las armadas que envió diré adelante que nunca tuvo ventura en cosa que pusiese la mano, sino que se le tornaba espinas ...”

El propio Carlos V, deseando retirar de la escena a Cortés, ya habiéndolo aprovechado en la conquista de México, zorrunamente lo anima. Cortés responde, tragando el anzuelo, seguro de que sus nuevos descubrimientos harán “a V. M. dueño de tantos reinos que podrá considerarse como el monarca de todo el mundo”.