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Se Establece el Tornaviaje a Acapulco
Ante el azoro de muchos, el 8 de octubre de 1565 regresa a Acapulco fray Andrés de Urdaneta. ¿Acaso dejaría de salirse con la suya, recordando la humillación de ver desairado por Legazpi su parecer, un año antes, cuando aquel zarpó del puerto de la Navidad y no de Acapulco? Por terquedad de Urdaneta, vasco al fin, será Acapulco donde fondearan los galeones de Manila. (Ordenándolo la Audiencia de México, en 1585 es desmantelado el astillero y puerto de la Navidad -bautizado por Antonio de Mendoza el 25 de diciembre de 1540-, para reforzar a Acapulco).
Si la travesía al Asia se hizo casi rectamente, cortando por lo mas ancho del Pacifico en dirección al oeste, la vuelta, en el navío que comanda el nieto de Legazpi, Felipe Salcedo, de 18 años, auxiliado por la cautelosa dirección náutica de Urdaneta, resultó mas dificultosa. Murieron de hambre, sed y, sobre todo, escorbuto, 16 hombres. Pero, subiendo de las Filipinas al noreste, hasta la latitud del Japón, y siguiendo rumbo al este la corriente del Kuro Shivo (que todavía arrastra restos de embarcaciones y otros residuos desde” aguas asiáticas hasta el desolado paraje de Mal Arrimo, en la Bahía de Sebastián Vizcaíno, Baja California), para llegar a las costas de la Alta California y descender al sureste por el sendero de las ballenas, fondeando en Acapulco, queda establecida la ruta que del Asia a México seguirá durante dos siglos y medio la nao de China. El derrotero se debe a la sabiduría y experiencia del monje navegante Andrés de Urdaneta, a quien habrá de recibir en Valladolid, para felicitarlo y presentarlo en una junta de graves cosmógrafos, Felipe II.
El 1º. de mayo de 1566 sale de Acapulco el navío San Jerónimo, el primero de la línea de navegación comercial mexicano filipina. A los 60 días alcanza la isla de Cebú. Es a mediados de 1571 cuando, fundada la ciudad de Manila, comienzan a llegar a su puerto -para emprender luego el viaje de retorno a Acapulco- las celebres embarcaciones.
A veces, su preciosa carga era adquirida en alta mar por comerciantes que la llevaban a Perú. Posteriormente, atrajo la codicia de los piratas. . . Conducían las naos a Manila plata en barras y amonedada, junto con diversos minerales de México, y transportaban a Acapulco una gran variedad de mercadenas provenientes de Persia, la India, China, Japón y Malasia. Llegaron a Acapulco en el galeon, con muchas prendas mas, los pañuelos de Paliacate -antigua población costanera de la India- que habían de terminar por mexicanizarse, aunque sin perder sus diseños indostanos.
Se apodaba vulgarmente Nao de la China a aquella porque, en México, equipada China ni mas ni menos que a toda el Asia de ojos oblicuos y pómulos salientes: un filipino y un malayo eran chinos, tal como axial lo eran los oriundos de China o de Japón y hasta de la India.
Cuando López de Legazpi anuncia su expedición, “la grita era que iban a la China”, recuerda en 1598 Suárez de Peralta, vecino de la ciudad de México, dando a entender con China que se trataba de Asia (él habla de las Filipinas de la China).